La educación de antes y la de ahora: una reflexión sobre la pérdida de la excelencia

En una época en la que la educación gozaba de mayor prestigio en Guinea Ecuatorial, los profesores y maestros eran referentes sociales indiscutibles.
Para ellos no era necesario hablar para imponer el orden. Su presencia física decía muchísimas palabras que escribiendo con un bolígrafo se agotaría la tinta y no estaríamos ni a la mitad de la numeración.
Ser profesor o maestro de un estudiante, era una labor que trascendia mucho más y no se limita en las cuatro paredes del aula de clase. Los profesores y maestros en aquel entonces, tenían claro que están formando al futuro de toda una nación, asumían con responsabilidad su labor y los resultados se veían impregnados en el colectivo discente.
“Mi maestra de primaria, en más de una ocasión venía personalmente a la casa de mi madre a leerme la cartilla en presencia de ella; y el resultado final era una paliza que moldeaba mi comportamiento”. La formación se impartía teniendo en cuenta, quiénes somos y qué perseguimos, a nivel personal y a nivel colectivo. Las palizas no diré que eran buenas, pero gracias a ellas, muchos sabemos leer y escribir correctamente y lo más importante, es que tenemos una pizca de educación y valores; el que critica las metodologías ancestrales, simplemente como ser humano, escucha pero no entiende.
En la actualidad, a cualquiera ya se le llama maestro, profesor, etc. Los institutos ya no son estadios de grandes eventos sino laberintos oscuros, en los que tanto los profesores y los estudiantes andan perdidos y lo más preocupante es que transitan a oscuras sin ningún tipo de luminosidad. El estudiante ya mantiene un contacto directo con el profesor o maestro, un contacto en el que al padre de familia, se le concibe como una persona exógena, una persona al margen del proceso educativo.
Después de la abundancia de las iglesias en el país, existe la exuberancia de los centros educativos; centros cuya mayoría ni siquiera conocen su razón de ser, centros en los que las alumnas hacen absolutamente lo que las da la gana, y los profesores lo normalizan porque en vez de alumnas ven “chicas”, ven amigas de citas, etc.
El profesor o el maestro ha pasado de ser una persona imponente a ser una persona transparente a la que los estudiantes no tienen ninguna consideración; y el estudiante en el mismo contexto, ha dejado de ser un estudiante educado, a ser un discente conflictivo y sobre todo agresivo.
Ejercer de educador no es un papel fácil, los profesores o maestros, son personas altamente importantes dentro de un país que conoce los objetivos que pretende alcanzar educativamente hablando. La base está en el aula de clase; la educación prescolar y primaria es igual de importante que la educación secundaria y universitaria.
Si hoy te autodenominas profesor, maestro o educador; ten en cuenta que estás formando a niños y jóvenes que en un futuro van a formar a las siguientes generaciones, restando importancia tu labor, dañas de manera directa a la República de Guinea Ecuatorial como Estado y a cada uno de los habitantes de dicho Estado.
Nunca se empieza por la universidad, por algo siempre ha sido así el orden. Todos los ciclos académicos son igual de importantes, normalicemos la costumbre de educar con responsabilidad.

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