La G de Guinea

En Bata, la madrugada ya no era sinónimo de descanso para muchos conductores del servicio público, desde mucho antes del amanecer, las filas de vehículos comenzaban a formarse frente a las estaciones de servicio. Algunos taxistas pasaban la noche dentro de sus coches, otros llegaban con la esperanza de que el siguiente camión cisterna apareciera antes de que se agotara el combustible.
Con el paso de las horas, la escena se repetía en distintos surtidores de la ciudad. Motores apagados, conversaciones entre conductores y miradas constantes hacia los depósitos de las estaciones marcaban una rutina que se prolongó durante varios días.
“Llevo horas esperando. Si no consigo combustible, hoy no trabajo y el dueño del coche tampoco recibe el ingreso del día”, comentaba un taxista mientras avanza lentamente en la fila.
La incertidumbre no solo alcanzó a los transportistas. Los usuarios del transporte público comenzaron a preocuparse por las dificultades para desplazarse y muchos conductores recorrieron diferentes estaciones con el depósito casi vacío, buscando un surtidor que todavía pudiera abastecerlos.
Desde el interior de una de las estaciones de servicio, un trabajador de TOTAL explicaba la situación con cautela: “Estamos atendiendo a medida que recibimos el suministro. Entendemos el malestar de la población, pero hacemos todo lo posible para servir a cada cliente”.
Mientras Bata seguía pendiente de la llegada del carburante, días después el Gobierno convocó una reunión con las empresas distribuidoras y los responsables del sector para analizar las causas de la crisis y definir medidas que evitaran que una situación similar volviera a repetirse.
Tras ese encuentro, el vicepresidente de la República, Teodoro Nguema Obiang Mangue, anunció una respuesta inmediata del Ejecutivo.
“No podemos permitir que el país vuelva a enfrentarse a una situación de esta naturaleza. Debemos crear reservas estratégicas que garanticen el abastecimiento en cualquier circunstancia”, señaló durante la reunión.
Como principal decisión, el Ejecutivo ordenó al Ministerio de Hidrocarburos iniciar de forma urgente la construcción de tanques de almacenamiento en Malabo y Bata, destinados exclusivamente a mantener reservas estratégicas de combustible para responder ante futuras emergencias.
Durante la reunión también se planteó la construcción de una refinería nacional con capacidad para abastecer la demanda interna, un proyecto que sería financiado por el Estado una vez concluyan los estudios de viabilidad. Asimismo, se recomendó a la empresa Tradex desarrollar sus propios depósitos de almacenamiento, con el compromiso del Gobierno de facilitar los terrenos necesarios para su construcción.
Con el anuncio de estas medidas, la atención comenzó a desplazarse de las largas colas hacia las soluciones planteadas por el Ejecutivo. Para muchos taxistas, la prioridad sigue siendo recuperar la normalidad en todos los surtidores.
“Lo que queremos es trabajar sin preocuparnos por si mañana habrá combustible o no”, resume otro conductor antes de abandonar finalmente la estación con el depósito lleno.
Así concluye una semana en la que las largas filas, la incertidumbre y la paciencia marcaron el ritmo de Bata, mientras el Gobierno respondía con un plan orientado a reforzar la seguridad del abastecimiento del combustible en el país y evitar que una crisis similar vuelva a paralizar la actividad cotidiana.





