Francia al límite: una masiva revuelta estudiantil contra la crisis educativa deja miles de detenidos

Más de 5.000 personas han sido detenidas y al menos 300 estudiantes y trabajadores de la educación han resultado heridos durante las movilizaciones

Las protestas estudiantiles que comenzaron el 21 de septiembre en un instituto de las afueras de París continúan extendiéndose por Francia y han adquirido una dimensión nacional. Lo que empezó como una movilización de apoyo a profesores que reclamaban más personal y recursos se ha convertido en una ola de protestas contra las condiciones del sistema educativo. Cientos de centros han cerrado o han sufrido interrupciones y más de 100 institutos han registrado daños.

La movilización se ha extendido desde París a ciudades como Lille, Lens, Alençon, Tours y Marsella. Los estudiantes han bloqueado las entradas de numerosos institutos y, en algunos lugares, se han producido enfrentamientos con la Policía. La jornada de protestas ha dejado escenas de barricadas, contenedores y mobiliario escolar incendiados y lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de las fuerzas de seguridad. También se han registrado heridos entre estudiantes, profesores y policías.

El origen de las protestas está en el deterioro de las condiciones de los centros educativos. Los estudiantes denuncian aulas masificadas, falta de profesores y recursos insuficientes. En la enseñanza pública, alrededor del 70 % de las aulas supera los 30 alumnos, mientras que los institutos cuentan actualmente con menos docentes que en 2008, pese a tener unos 250.000 estudiantes más. La situación ha alimentado durante años el malestar entre alumnos y profesores.

La respuesta policial también se ha convertido en uno de los principales motivos de indignación. Los críticos acusan a las autoridades de utilizar una fuerza desproporcionada para contener las movilizaciones. Uno de los episodios más polémicos ocurrió en Alençon, donde un agente fue grabado aplicando a una joven una técnica de estrangulamiento prohibida. En otro incidente, un estudiante de Lens perdió una mano después de recoger, según las informaciones disponibles, una granada, mientras otro alumno de Tours perdió la visión de un ojo.

La magnitud de las movilizaciones ha obligado al Gobierno a intervenir. El Ministerio del Interior calculó en unos 256.000 los manifestantes que salieron a las calles en todo el país, incluidos 56.000 en París. Las organizaciones estudiantiles elevaron la cifra hasta 450.000. El Gobierno sostiene que la violencia se ha alejado de las reivindicaciones educativas y ha advertido de un aumento de los disturbios, mientras los líderes estudiantiles denuncian que las autoridades responden con represión en lugar de atender sus demandas.

El conflicto también ha adquirido una dimensión política. La izquierda radical, liderada por Jean-Luc Mélenchon, ha respaldado el derecho de los estudiantes a movilizarse, mientras sectores políticos de la derecha han reclamado una respuesta policial más contundente. El Gobierno, además, afronta una situación económica complicada y pretende reducir el déficit público en 2027, lo que limita su margen para aumentar el gasto educativo. Los daños ocasionados en los centros de la región de París ya se calculan en unos siete millones de euros.

Las protestas continúan mientras estudiantes y Gobierno mantienen posiciones enfrentadas. El primer ministro, Sébastien Lecornu, afirmó ante la Asamblea Nacional que la violencia no puede llegar a los centros educativos y debe ser condenada. Los estudiantes, por su parte, sostienen que sus reclamaciones llevan años sin recibir una respuesta suficiente. El conflicto, que comenzó por la falta de profesores y recursos en un instituto, se ha convertido así en una de las mayores crisis estudiantiles de las últimas décadas en Francia.

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